Bangkok, 25 ago (EFE).- Las calles de la capital de Tailandia son de color naranja después de que los seguidores de diferentes movimientos políticos las convirtieran en un mosaico de tonalidades.
El color más habitual en la magullada Bangkok tras el paso de los "camisas rojas" por donde antes lo hicieron sus enemigos los "camisas amarillas", es ahora el naranja del chaleco que identifica a unos 200.000 motociclistas del servicio de transporte público.
Éstos, en su moto de pequeña cilindrada van de un lugar a otro con pasajeros vestidos de cualquier color, pero propensos a ponerse ropa de "camuflaje" que no les identifica con ninguna ideología después del hastío causado por esos meses de derroche cromático.
Así pues, el color naranja del chaleco del conductor de mototaxi o "motosai" como popularmente se le conoce, es el que más abunda de entre esa gama de siete colores que por tradición están asociados cada uno a un día concreto de la semana, y que los grupos políticos usaron hasta la saciedad para que se les reconociera.
La "motosai" ha desplazado del negocio del transporte al celebre "tuk-tuk", aquel motocarro con tres ruedas que fuera un símbolo de Bangkok y que debido al endemoniado tráfico ahora circula por el extrarradio o pasea a turistas risueños.
Están apostadas a la espera de clientes en la esquina de manzanas de edificios, a la salida de centros comerciales y al inicio de los callejones de cualquier barrio en que, casi siempre, son la mejor fuente de información.
La gente de a pie dice que los conductores del jubón naranja son los ojos y oídos de Bangkok, en ocasiones confidentes de la Policía o mercenarios al servicio de cualquier vecino dispuesto a pagar por un encargo, aunque éste nada tenga que ver con el transporte o la mensajería.
"Es bastante corriente que me paguen por seguir a personas y con eso gano un buen dinero", explica Chalerm, de 45 años y desde hace 15 conductor de "motosai" en un callejón de la céntrica avenida de Sukhumvit.
A pesar a que para muchas personas supone una temeridad hacer uso de este modo de transporte, son una necesidad para la movilidad en una apelmazada metrópoli en la que transeúntes y vehículos con dos, tres y cuatro ruedas compiten por un palmo de espacio.
Los conductores de "motosai", la mayor parte procedentes de zonas pobres del noreste del país, prestan el modo de transporte público más rápido y barato de Bangkok, que con 7.600 kilómetros cuadrados y la mayor parte de callejones, es un laberinto que desanima hasta a los más avezados especialistas en planificación urbanística.
Sin necesidad de un navegador GPS, los conductores de "motosai" se mueven con acierto y la rapidez que permite el conocimiento de todos los atajos del barrio en el que trabajan.
Aunque su chaleco es naranja, la mayoría de los miembros de este organizado ejército de motociclistas están políticamente próximos a los "camisas rojas" y a su mayor mentor, el ex primer ministro Thaksin Shinawatra, depuesto por los militares en 2006.
Por eso, durante las protestas que en el pasado mayo desembocaron en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad y en disturbios que arrojaron 90 muertos y unos 1.800 heridos, miles de conductores de las "motosai" vistieron el mismo color que los "camisas rojas".
"Muchos simpatizamos con los camisas rojas, pero también entre nosotros hay que prefieren a los camisas amarillas", dijo Veraphan, un conductor de 38 años que sueña con ser propietario de un taxi.
Esa afinidad con el multimillonario Shinawatra se remonta a la época en la que siendo primer ministro ordenó acabar con las mafias que extorsionaban a los grupos de "motosai", que además a veces empleaban para la distribución de droga.
"Entonces teníamos que pagar dinero al líder del grupo y éste se lo entregaba a las bandas que controlaban la zona", explicó Surin, otro conductor.
Tras su depuración, el negocio de las "motosai" paso a manos del ayuntamiento de Bangkok, que es el que expide la licencia y concede el número de identidad de cada chaquetilla naranja, a cambio de una fianza.
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